Una artista muy moderna

El siglo XX ha dado grandes artistas., algunos son totalmente desconocidos... incluso para sí mismos. Es el caso de mi tía. Viajera incansable, inquieta, capaz de crear raíces en poco tiempo, hizo mil viajes y mil mudanzas. Para nosotros no había nada más divertido que recibir en casa sus encomiendas y cajones llenos de ropas de abrigo que, en Santiago, nadie iba a poder usar. A toda la familia le encantaba estar allí, acercarse a ayudar, nadando entre objetos indescriptibles y, sobre todo, libros y libros de literatura, religión, mitología, crítica literaria y algunos, como El tercer sexo, de Simone de Beauvoir, repetidos hasta tres veces.

-Como están embalados ni me acuerdo de que los tengo, y vuelvo a comprarlos, explicaba la tía, mientras organizaba una pila de libros repetidos en algún rincón.

Sus cajas eran, para mí, un símbolo de lo humano, de lo que son nuestros tesoros más preciados, esos que nos recuerdan momentos compartidos, encuentros fugaces, caminos que te alejan o te acercan a tus sueños, incómodos, apilados y sostenièndose unos a otros,

La tía convertía el aburrimiento de la siesta en una expectativa de enormes piñatas sin abrir, de itinerarios por desandar, como caminos o textos que se pueden andar o leer una y otra vez. Y nos brindaba milagros modestos, casi imperceptibles, como simplemente estar ahi, cuando alguien te necesite.

Chari