Muchas formas de dar

De la Navidad guardo distintas imágenes, recuerdos y sabores. Mis abuelos maternos armaban un pesebre con figuras de cerámica inmensas y un enorme toldo verde, que imitaba un terreno montañoso. Los Reyes Magos se ubicaban muy cerca del techo, por lo que siempre pensé que venían “bajando” con sus camellos. Después de servir la cena, y mientras una parte de la familia se quedaba brindando o conversando, haciendo música o bailando,  mi abuela paterna partía a recorrer todas las iglesias de Santiago, iluminadas para la fiesta y llenas de imágenes a las que tocar y rezar, y de amigos y vecinos a los que saludar. Ni mis tíos ni mis padres iban a la iglesia, pero las diferencias entre toda la familia nunca eran un problema. Los cuentos tradicionales de mi tía, o las creencias, la misa de gallo o los Reyes, fueron una parte importante en mi infancia: una forma de dar y recibir, de presentarnos a los chicos el mundo,  de una forma amable, pidiendo de tantas diversas maneras que las cosas buenas pudieran ocurrir.

Chari