Sillitas del camino

Como muchos chicos de mi edad, en la adolescencia viajé a la capital, Buenos Aires, para estudiar en la universidad. Y durante los primeros años, en cada recesos o vacación estudiantiles, corría de vuelta al pago Era un viaje largo, larguísimo, en micro.

Pero apenas este franqueaba el límite de Santiago, mi provincia, llegando a Ojo de Agua, comenzaban a aparecer en el camino las sillitas y las colchas tejidas que, colgando de alambres, hacían  guirnaldas hermosas en medio del polvaderal de la ruta. Sillitas y mantas silenciosas, que me daban la bienvenida, y me avisaban que, por fin, estaba de vuelta en mi hogar.

 


Chari